La influencia del porno en la sexualidad de los jóvenes

Sexualidad

Sobre este tema, seguro que podéis encontrar por internet muchísima información, y es que no es moco de pavo el conocer cómo los jóvenes obtienen información sobre sexualidad; claro que entre tantas opiniones, estudios y teorías, seguro habrá multitud de aptitudes encontradas, y lo que parece correcto para unos, parecerá un completo desastre para otros. Y claro que unos tendrán razón y otros no, pero aparte de algunas ideas extremos, ¿quién puede ser el que esté en lo correcto?

Pero tampoco se puede tapar el sol con un dedo, y es un hecho que la pornografía se ha convertido con el paso del tiempo en uno de los sistemas más probables con los que los chicos y chicas empiezan a conocer el sexo. Antes esto era un tema de adultos, claramente, porque no a cualquier edad se tenía acceso al porno de una forma indiscriminada, por lo que se suponía que uno ya tenía nociones sobre sexualidad, y esto se convertía claramente en una forma más de pasar el rato. Pero el ciberporno llegó a nuestras vidas gracias al uso general de internet, con todos sus pros y sus contras, y analizar sus efectos no fue ni ha sido fácil, aunque es importante que se hable de ello en relación con la educación a edades aún tempranas.

Los adultos en general saben muy bien que lo que se ven en revistas y videos porno y en el cine x es tan sólo otra forma de ficción, hecha específicamente para la excitación, y que no todo lo que se ve en ellos es real o se ajusta correctamente al comportamiento del sexo en pareja o en solitario (no digamos ya en grupo), dependiendo a demás de la opción sexual de cada uno. Incluso así, no son pocos los que se ven un poco confundidos, pensando que si no se rinde lo mismo que esos actores del cine porno, en cantidad o en calidad, no se está haciendo un buen papel en la cama. Cualquier entendido en el tema les dirá que nadie es siempre “bueno en la cama“, que eso depende el aspecto subjetivo de la pareja, y que mucho menos tiene que ver con el tiempo o la potencia de ninguno de los factores que puedan intervenir en una relación sexual; y aún así, seguro que hay más de uno confundido y que no está de acuerdo.

 

Pero si además, ahora nos pasamos a la juventud, donde todavía se están probando cosas nuevas, e incluso a uno mismo, la cosa se complica más. Explicar a un chico o chica que empieza a incursionar en sus primeras relaciones sexuales que las folladas xxx que ve en el porno online no son el reflejo de lo que se considera perfecto es un poco o bastante espinoso, porque además comentará el tema con sus amigos cercanos, que claramente estarán influidos por lo mismo que ellos. El control parental sobre estos temas está muy bien en la teoría, pero en la práctica es completamente imposible, puesto que la pornografía está ahora mismo al alcance de un clic para todos, y controlar todo lo que ve esta juventud no está en la mano de cualquiera.

Se entiende perfectamente la preocupación que pueden tener unos padres que ven cómo la educación sexual de sus hijos está tan influida por algo sin control como el porno, pasando incluso por encima de la suya. Pero ¿en realidad es algo tan nefasto para su educación? Es de esperarse, sí, que estos jóvenes tengan durante unos años una idea equivocada sobre el sexo, pero la madurez les traerá diferentes experiencias que les harán darse cuenta de que estaban en un error. ¿Acaso no se trata de eso precisamente el hacerse adulto? Y lo normal es que acaben por convencerse de su punto de vista erróneo, y ellos mismos sean capaces de corregirse.

Pero ¿serán todos capaces de hacerlo? Muchos son los entendidos que piensan que no. Quizá se necesita más control de los padres, menos acceso libre al porno, o directamente que el concepto de pornografía cambie. Todo lo anterior es complicado, pero quién sabe, quizá ahí se encuentre la solución.

Tener educación VS ser educado

General

Hace tiempo que estoy interesado en seguir los avances que se van dando en el mundo de la educación, cosa que todo el mundo está de acuerdo es muy importante y es uno de los pilares básicos de cualquier sociedad. Pero la cuestión es que, cuando por fin me he puesto a ello, me he dado cuenta de que el término “ser educado” no tiene por qué significar necesariamente lo mismo que “tener educación“, aunque en principio debería ser así. Pero los que nos dedicamos, precisamente, a la educación, sabemos que no puede estar más lejos de la realidad.

Nuestros mayores pensaban que aquel que tenía la suerte de poder estudiar en tiempos no tan lejanos, tenía un futuro asegurado, y que eso lo convertía necesariamente en un ser superior amable, justo y solidario. ¿Y es esto así? Puede que en algún momento, aunque está visión estuviera ya de por sí un poco distorsionada. Pero en los últimos años, en los que cualquier persona en el mundo desarrollado tiene derecho a la educación, estamos viendo cómo eso no garantiza encontrar personas con estos valores, y es más, yo diría que incluso cada vez nos alejamos más de ellos.

Puede que quizá educadores y educados hayamos perdido un poco el norte en todo esto. Los centros de estudios, colegios y demás, se consideraban ciertamente en su origen en lugares donde no sólo se adquirían conocimientos, sino también se aprendían los valores elementales para convivir en sociedad. Ahora, estos valores se han introducido en materias como la ética, la ciudadanía, o no sé cuántas variantes más, pero en realidad nadie se molesta en realmente enseñar su aplicación, porque nos basta con que los estudiantes se las aprendan de memoria. Es culpa del temario, del calendario que los profesionales tenemos que cumplir cada curso, o de la apatía de unos y el desinterés de los otros; pero el resultado es que ya nadie va a estudiar para recibir educación.

Y los padres cada vez están más perdidos en estos temas, porque unos piensan que eso es la obligación del personal lectivo, mientras otros aspiran a ser ellos los que eduquen a sus hijos en los valores elementales, sin querer que otros interfieran en eso, incluso cuando están equivocados. Esto hace que mucha de nuestra juventud no sólo no tenga educación social, sino que claramente sea maleducada, no sólo en su forma de actuar sino en su propia escala de valores. ¿Y qué hacer ante esta situación?

Por desgracia, este humilde servidor no tiene la respuesta. Lo ideal sería una intensa coordinación entre todas las partes educadoras de nuestros hijos, sin que ninguna quiera usurpar el papel de la otra, y donde todas se complementaran y remaran en la misma dirección. Pero por ahora, esto no es posible, y creo que no lo será en un futuro muy próximo. Pero si hacer un llamamiento y provocar una alerta con esta reflexión tiene algún efecto, entonces me daré por bien servido.