Tener educación VS ser educado

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Hace tiempo que estoy interesado en seguir los avances que se van dando en el mundo de la educación, cosa que todo el mundo está de acuerdo es muy importante y es uno de los pilares básicos de cualquier sociedad. Pero la cuestión es que, cuando por fin me he puesto a ello, me he dado cuenta de que el término “ser educado” no tiene por qué significar necesariamente lo mismo que “tener educación“, aunque en principio debería ser así. Pero los que nos dedicamos, precisamente, a la educación, sabemos que no puede estar más lejos de la realidad.

Nuestros mayores pensaban que aquel que tenía la suerte de poder estudiar en tiempos no tan lejanos, tenía un futuro asegurado, y que eso lo convertía necesariamente en un ser superior amable, justo y solidario. ¿Y es esto así? Puede que en algún momento, aunque está visión estuviera ya de por sí un poco distorsionada. Pero en los últimos años, en los que cualquier persona en el mundo desarrollado tiene derecho a la educación, estamos viendo cómo eso no garantiza encontrar personas con estos valores, y es más, yo diría que incluso cada vez nos alejamos más de ellos.

Puede que quizá educadores y educados hayamos perdido un poco el norte en todo esto. Los centros de estudios, colegios y demás, se consideraban ciertamente en su origen en lugares donde no sólo se adquirían conocimientos, sino también se aprendían los valores elementales para convivir en sociedad. Ahora, estos valores se han introducido en materias como la ética, la ciudadanía, o no sé cuántas variantes más, pero en realidad nadie se molesta en realmente enseñar su aplicación, porque nos basta con que los estudiantes se las aprendan de memoria. Es culpa del temario, del calendario que los profesionales tenemos que cumplir cada curso, o de la apatía de unos y el desinterés de los otros; pero el resultado es que ya nadie va a estudiar para recibir educación.

Y los padres cada vez están más perdidos en estos temas, porque unos piensan que eso es la obligación del personal lectivo, mientras otros aspiran a ser ellos los que eduquen a sus hijos en los valores elementales, sin querer que otros interfieran en eso, incluso cuando están equivocados. Esto hace que mucha de nuestra juventud no sólo no tenga educación social, sino que claramente sea maleducada, no sólo en su forma de actuar sino en su propia escala de valores. ¿Y qué hacer ante esta situación?

Por desgracia, este humilde servidor no tiene la respuesta. Lo ideal sería una intensa coordinación entre todas las partes educadoras de nuestros hijos, sin que ninguna quiera usurpar el papel de la otra, y donde todas se complementaran y remaran en la misma dirección. Pero por ahora, esto no es posible, y creo que no lo será en un futuro muy próximo. Pero si hacer un llamamiento y provocar una alerta con esta reflexión tiene algún efecto, entonces me daré por bien servido.

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